jueves, diciembre 08, 2005

Con las manos en la masa

24 horas es el tiempo que me he tirado despierto y en gran parte en el coche. Ayer por la mañana pusimos rumbo a Salamanca, ciudad Europea de la Cultura pero sin una mala autovía que te deje allí mismo. Nada más llegar nos encontramos con un cartel gigantesco que decía "En Salamanca reside el Pecado". Qué equivocados están, pensé, si Claudio ya no vive aquí.

Nuestro contacto en la universidad resultó ser una de esas personas que hablan acerca de lo que conoces de forma aplastante y sin lugar a un resquicio de duda. Envidio a esta gente, y siempre que me topo con alguna acabo pensando si alguna vez llegaré a esos niveles de conocimiento, si es algo que se aprende y adquiere o si no tengo nada que hacer. No estaría mal saber lo que va a pasar, claro está. Una vez entregadas las células y depositadas siguiendo un protocolo P3, es decir, en los bolsillos de nuestras chaquetas, nos fuimos a comer alentados por las buenas vibraciones que nos transmitió Mr. Onco. Y le pongo nombre porque lo más seguro es que vuelva a salir en este blog: es probable que colaboremos con él para unos temas, y eso pasaría por una estancia de 4 meses allí. Ya lo iríamos viendo si eso.

Como no podía ser de otra forma, el menú fue de lo más consistente: sopa castellana y cochifrito. Como en la canción de "Con las manos en la masa". Que no se va uno hasta allí para comer un plato combinado leñe.

El viaje de vuelta reveló cosas muy interesantes acerca de mi jefa. Como bien me dijeron, en este negocio es muy raro no estar un poco tocado. Ella no se si estará un poco ida, pero me gusta ver que no es la típica persona que consagra toda su vida al laboratorio, y tiene un montón de inquietudes, la mayoría de ellas artísticas, que admiro. Esta semana publican un libro de relatos que incluye uno suyo y a la vez está ilustrado por ella.

De vuelta en Madrid tardé casi una hora para cruzarla de norte a sur, que está muy bien. Fui a cenar a casa de Ann y al rato vino Claudio a tomarse unos vinos y unas cervezas. Cuando ya no pudo soportar más la sesión de fotos y vídeos caseros nos fuimos a tomar unas cosas al bar de Ali. Allí estaban Elda, Fredy, Anita y otras chicas de la profesión, todo el mundo un poco alcoholizado. Después de unos hungups Ann, que tiene un olfato muy fino y educado, vino diciendo que el camarero echaba una peste a colonia de señora que no se podía aguantá. Y como es así de discreto, se fue a la barra a darle el parte a Ali, que escuchó atentamente cómo Ann no controlaba el volumen ni la presencia del camarero y se lo decía en la puta cara:

- "Jo, Ali, el camarero lleva una colonia de mujeronnnnnnnnnnnnnnnn...."

Y luego vinieron las lamentaciones y las disculpas, pero ya era tarde. El camarero debió irse a casa triste y azul, pensando que le habían engañado cuando compró Anais Anais de Cacharel.

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