lunes, octubre 03, 2005

Travesti (auto)destructor

Hoy no voy a hablar del Plan Travesti, aunque diré que fue fastuoso, que cuánto bailemos y liguemos, porque ya ha perdido cualquier tipo de actualidad. Ya he tenido mi bautismo travesti, y puedo decir que soy un travesti destructor de la ley de dios.

Tampoco voy a relatar mis primeros días como parado en busca de beca predoctoral, pero diré que cada día que pasa me siento más costra social y necesito un trabajo de lo que sea mientras consigo la dichosa beca. Un sueldo, eso es lo que me pide el cuerpo. Poniendo copas, fregando escaleras, sexando pollos, escribiendo prospectos, pinchando agujas en cruces de tren... me da igual. Incluso me ofrezco como fluffer.

Ni siquiera voy a contar que soy lo peor, que estoy todo el día fuera, gastando dinero que no tengo. Ni voy a comentar esos anuncios que me parecen ya lo ultimísimo en publicidad, como el de Renova que te paga el IRPF.

Sólo puedo contar que ayer fui la persona más absurda del mundo. Convertido en una factoría de rinovirus con patas, y tras estar enclaustrado en casa todo el fin de semana, ayer por la tarde me decido a salir a tomar el aire. En las canceladoras de Atocha me doy cuenta de que he cogido el abono caducado, y en contra de lo que hago siempre (colarme, saltar la verja) me dirijo a la taquilla a abonar el importe del ticket. El empleado de Renfe, amargado por defecto, me dice que tiene que poner la multa de 6.60€. Como sólo tengo 6, el tío me monta el pollo y me dice que el resto lo tiene que poner él. "Te jodes", pienso, y prefiero que me ponga la multa a que se haga el sueco. Eso sí, me quedo sin un duro y con cara de croqueta de bakalao. No siendo consciente de la situación me dirijo al Reina Sofía, que está chapado. Empiezo a pensar que todo forma parte de una broma. Subo a la filmoteca: todavía puedo salvar la tarde. No, porque en la puerta del cine Doré, con los bolsillos para fuera y sin un céntimo, hago gestitos de Najwa en Piedras. Con lo barata que es la Filmoteca, coño. A ver si está el Lucas, amigo de mi padre que curra allí y me cuela a veces. "Hoy no trabaja". Ni hoy ni nunca, no te jode, si se toca los huevos en la cabina.

En éstas, uno va al sitio donde va la gente que no tiene dinero los domingos por la tarde y pasa de ir a patinar al Retiro: la FNAC. Craso error, porque un malgastador como yo se enchocha con 4 DVDs, 20 CDs y 15 libros, y se va igual que ha llegado pero con un mosqueo de cojones, por la falta de panoja.

Salgo a la calle y me siento terriblemente absurdo, incluso con ganas de llorar, y noto cómo la gente me mira con cara de pena. De hecho un tipo gordo y hortera me mira con cara de asco. Eso ya sí que no. Me planteo meterme en un taxis y que me lleve a casa, en un estado de enajenación mental propio de Marisa Paredes, pagando 5000 pelas para que le quiten los botines, pero sin 5000 pelas, o sea que el taxis queda descartado.

Al final decido ir andando a casa, pero a la altura de Atocha el frío me mata y la garganta me duele como si estuviera haciendo gárgaras con lija del 12. Llamo a Mr. Eric, que está regresando del fútbol, para que me lleve a casa. Pero aparece La Chocho, cual Arcángel Gabriel en su blanco utilitario, para llevarme a casa. Dios te bendiga Cho.

Hoy todo me parece incluso divertido, pero ayer me parecía que no había nada más triste que lo mío, y que daba lástima, y deberíais tener caridad.

A ver si esta semana remontamos, y puedo contar algo con un poco más de enjundia.

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