martes, agosto 02, 2005

Fin

Ayer celebramos en casa con una cena que hacía un año aterrizaba en Copenhague con un saco lleno de ilusiones. Fue una cena bastante divertida, con mis compañeros y los chicos, en la que Ann se quedó traspuesta en cuanto se acabó el comercio.

Hoy me he dedicado a hacer la maleta. El estado de nervios del principio se ha convertido en auténtica histeria cuando he pasado de pensar que no cabía ni de coña a ver que sí cabe, pero la maleta pesa más que yo. Y esperate tú la cara que me van a poner en control cuando me vean pasar como equipaje de mano lo que tengo pensado. Dice mi amigo Javi que el arte de meter un año de tu vida en una maleta es algo que sólo los Erasmus saben hacer. La táctica de ponerse los abrigos más gordos la he descartado, no vaya a ser que se piensen que soy un terrorista y caiga abatido en el duty free.

Por la tarde he salido sólo a dar una vuelta para ver por última vez mis lugares preferidos. Ha sido un plan bastante meláncólico, escuchando a Maximilian Hecker mientras estaba en el puerto; me he visto dentro de un melodrama, con la cabeza envuelta en una pañoleta y con mucho viento. Hacía un día bastante frío, nublado, sin una pizca de sol; esta ciudad ha sido inmisericorde hasta el último día. De cualquier forma, me he emocionado. Incluso he conseguido apreciar la belleza que no he visto o querido ver durante el invierno.

Ahora, quiera o no, esto se ha acabado. No sólo el año Erasmus que, con todo lo que conlleva, ha sido tan interesante. Me he quedado flipado pensando en el Flat Eric que llegó aquí y en el que se va. No sé si a peor o a mejor, pero tengo claro que he cambiado. Y lo mejor es que ahora sé muchas más cosas acerca de mí, de cómo me comporto, de cómo reacciono, de cómo hago las cosas.

Se acaba una etapa muy importante de mi vida, en la que casi todo a partir de ahora van a ser novedades. Y como no podía ser de otra forma, tengo un nudo en el estómago que no tengo ni ganas de comer (!!!!!).

¿Qué dejo aquí? Un puñado de amigos que puedo contar con los dedos de una mano pero que han hecho que vivir aquí este año haya sido tan especial como ellos. Espero que mañana no hagamos escenitas porque estoy tan sensible que me veo En Plan Plañidera.

¿Qué me llevo? Aparte de 700 kilos de equipaje y un sobrero tirolés, otro puñado de amigos con los que voy a tener la suerte de poder seguir contando. Madrid es nuestro.

Este diario chapa, porque Flat Eric ya no está de Erasmus en Copenhague. Supongo que seguiré, haciendo algunos cambios, escribiendo chorradas en esta su dirección web amiga.

Gracias a todos los que habéis leído mis historias durante este tiempo.

Pd.- Qué tostón de última entrada por Dior....

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