martes, abril 19, 2005

Un poco sí


Amanda, Neigor, La Carol, Lucy y Luisjor

Hoy estoy de resaca post visita. Me acaba de llamar mi jefe y he tenido que simular un dolor de garganta tremendo y una fiebre incluso con delirium tremens.

Los biolocos se fueron ayer, dejándome una serie de momentos impagables que no se si seré capaz de relatar fielmente. Han sido 5 días de no parar en general, y de no parar de reír en particular. Llegaron el miércoles por la noche disfrazados de faralaes y armando una tremenda en el aeropuerto. Cuando llegamos a casa y empezaron a sacar comida como si del bolso de Mary Poppins se tratara yo me cagué de la risa literalmente. Como no había tiempo que perder, nos fuimos a dar un voltio nocturno por el centro y a tomar unas cervezas a Jailhouse con Ann; las caras de los parroquianos al ver entrar a un nutrido grupo de tías y yo con sombrero cordobés eran de no dar crédito. Ann había estado esperando un buen rato e iba chispita por decirlo suavemente.

El jueves muy a mi pesar tenía que ir al laboratorio así que elaboré un plan museístico para tenerles entretenidos. Pero el perreo y el costreo pudo con ellos y cuando les llamé a las 3 de la tarde estaban todavía en casa, así que acudí raudo y veloz y nos fuimos a comer tirados en un parque y tomar un té a un sitio que era una mezcla entre peluquería, cafetería y taller de carpintería, muy extraño. Después, sesión de fotos de las niñas, que les encanta una cámara y salen además súper naturales, casi sin posar. En casa hicimos cena española, todo muy rico, y al final acabamos todos bastante piripis, y La Carol diciendo que los españoles bebemos más que los daneses, mientras Ida se descojonaba en su cara.

El viernes yo tenía que ir al laboratorio, pero me quedé en casa para asegurarme de que estos no se quedaban tirados y mandarles al Museo de Arte Moderno de Louisiana, una pasada de museo y de sitio que no quería que se perdieran. Y cómo no, la tenían que liar. Resultó que pasaron primero por Helsingor, donde el castillo de Hamlet, y a la vuelta en el tren un mendigo acompañado de un perraco amenazó a Luisja con un martillo. Luisja, que como yo se ha criado en la Vallecas de los 80, mantuvo el temple y no movió ni una ceja, consciente de que la situación estaba controlada, mientras las chicas se levantaban y gritaban “oiga, oiga” (no comente), superconvencidas de que el martilleador iba a atender a razones, y en español. Al final la revisora le arrebató el martillo le redujo. El resultado fue media hora de retraso del tren y Luisja y Lucy declarando ante la policía. El diálogo, pronunciado con inglés almodovaresco, no tiene desperdicio:

Luisja: “And then I said Qué susto, that means, What a…….” buscando la respuesta de Lucy, que no perdía comba con el policía que por lo visto estaba tremendo.

Lucy: .....uuuuuuu

Ya pasado el susto fuimos a casa a darnos un agüita y corriendo al Tivoli, que abría la temporada y había un concierto de un grupo llamado Baal (no sabemos dónde estaban Michael Jackson y las sacerdotisas). El concierto nos la pelaba bastante y fuimos a montar en una montaña rusa, y a comer, que es lo nuestro. Luego Bene nos llevó a un sitio australiano con música en directo, y claro, como era australiano pues tocaron Grease, porque Olivia NJ es de allí. Allí la volvimos a liar y nos plantamos delante del cantante a bailar y hacer el subnormal, mientras la gente nos miraba con vergüenza ajena. De allí fuimos a Vega, donde habíamos quedado con Ann, Yuu y Michele, rebautizado por La Carol como Makelele. Las niñas dijeron que no les hacía mucha gracia el house, pero es que pincharon musicón con un saxo en directo, y acabamos dándolo todo subidos a una plataforma y montando el espectáculo: Amanda y Neigor rompiendo corazones, Luisja y Lucy dando un particular peep-show, Carol y yo fichoteando sin parar de darle al drinkin. Acabamos la noche haciendo una visita relámpago al Cosy, pero la imagen de Lady Puta con el rabo fuera les sobrepasó y nos retiramos a nuestros aposentos.

El sábado amanecimos tardísimo excepto Nagore y Luisja que se fueron a la Galería Nacional como unos campeones. Habíamos quedado con Bene para hacer picnic y celebrar su cumpleaños. Nos juntamos un huevo de gente y después de comer propusimos jugar a Pressing Kiss, un juego de quinceañeros para dar besos a todo el mundo y acabar revolcados en el césped. Los daneses no jugaron, y al final Amanda acabó con una rodilla dislocada fruto de un choque con Ann, y yo con una pierna del pantalón abierta hasta la rodilla, que parecía que iba de stripper. Nos fuimos corriendo a ver si podíamos hacer el tour por los canales en barca, pero ya estaba chapado, así que fuimos a Christiania. Yo no sé la imagen que tiene la gente de Christiania, pero desde luego ya no es lo que debió ser. Desde que la policía entra cuando le da la gana está de capa caída, aunque hay cosas que merecen la pena, como el restaurante vegetariano o el rincón de la ropa usada donde vas y coges lo que quieres.

Nos invitaron a una fiesta en NørreBronx, a casa una amiga del colegio de Lucy que está de Erasmus aquí también. Tras subir 4 pisos con Amanda a caballito flipamos con el duplex de la pava. En la fiesta estaba parte del españolismo de la DTU, que redujo parcialmente mi aura. Lucy se encontró con Facho, viejo amigo. Nos bebimos unas copillas y nos fuimos a la Student House, donde había una fiesta llamada “A queer party for a queens night” o algo así, porque era el cumpleaños de la Reina Margarita. Cuando entramos había un grupo versionando “Relight my fire”, de traka. Luego la música estuvo bien pero las niñas querían perreo y reguetón, y eso pues es un poco imposible en CPH. Fuimos al Tequila, donde nos juntamos con los caballeros de Amager y más españolismo. Aunque la Carol discrepará conmigo (momento Ghost) lo mejor de la noche fue la vuelta a casa totalmente pedos, cuando les llevé a la estación de bomberos y Lucy se puso a tirar unas flores que se había encontrado por la calle a las ventanas de la sala donde hacen guardia. También nos encontramos una lavadora y Luisja y yo intentamos hacernos los machos pero no la movimos ni un metro. Ya en la cama, Carol tuvo que echar el ancla (la pierna) porque la cama parecía el looping star del parque de atracciones.

El domingo estaba destinado a perrear, pero como Lucy se iba por la tarde nos levantamos pronto y salimos pitando para hacer el tour por los canalillos, que es lo mejor que uno puede hacer un domingo de resaca: montarse en un barco en el que encima hay dos hijos del demonio que se tiran todo el viaje gritando en la fila de detrás. Después de unas cervecillas en Nyhavn fuimos a comprar comida a Aldi, los supermercados donde la gente entra con la cara tapada de la vergüenza. Yuu y yo llevamos a Lucy al aeropuerto, y corriendo a comer y a siestear. Luisja demostró su supremacía catódica con el juego de adivinar la música de series y dibujos, acordándose de rarezas como Starman.

Ayer, a pesar de que contábamos con una lisiada en nuestras filas, el batallón se fue de compritas. No había mucho tiempo, pero se aprovechó muy bien. Las chicas arrasaron, literalmente, y mientras yo me llevé a Luisja a ver la Filmoteket. Luego corriendo al aeropuerto en plan contrarreloj.

En contra de mis previsiones, no me quedé hecho un trapo. Me lo he pasado tan bien, me he reído tanto, que creo que tengo para tirar lo que me queda. Lo malo de las visitas es que llevas tanto tiempo preparándolas que cuando se acaban todo parece vacío. La habitación ahora se me hace grandísima, sin secadores, toallas, bolsas de aseo y kilos de trapitos esparcidos por todos sitios.

Echaba tanto de menos esa complicidad que tengo con mis amigos, de decirnos cosas con miradas, de hablar hasta las tantas, de reír y hacer el shorra, de fichar… todo en general. Con amigos todo es de puta madre.

La semana que viene aterriza Mrs Eric, cargada como una mula para arrearnos un cocido de esos que dejan KO al más chulo.

NOTA: joder qué largo. Un premio a quien se acabe de leer esto. Y otra cosa: he conseguido bloguizar a las biolocas!!!!!!


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