lunes, abril 11, 2005

Desperately seeking housewives



Estas cinco señoritas me están volviendo loco: no como, no duermo, y no salgo de casa. Ida y yo nos hemos pasado el fin de semana absortos con la primera temporada de Desperate Housewives.

Me cuesta reconocerlo, pero al otro lado del atlántico saben realmente hacer TV con mayúsculas, y esta serie es un claro ejemplo. De momento sólo he visto la primera mitad de la temporada, tiempo suficiente para rendirse ante la evidencia de que es, por lo pronto, terriblemente adictiva. Desde mi subjetivo punto de vista me parece que es una masterpiece, de principio ( la cabecera con los títulos de crédito ya es una obra de arte; a decir verdad, son varias :D ) a fin. La narración es genial; el hilo argumental y las subtramas están perfectamente empastadas; el tono fresco, y el ritmo de la acción trepidante. En tan sólo 8 episodios uno se da cuenta de que los guiones dibujan un perfecto retrato de los personajes, que están desarrollados estupendamente. La evolución de los habitantes de Wisteria Lane, absolutamente creíbles, en tan poco tiempo hace que sea muy dinámica. Las protagonistas están todas maravillosas, pero me encanta Felicity Hauffman en el papel de Lynette.

Vamos, que estoy que no cago con estas amas de casa. Sin embargo todavía estoy con la mosca detrás de la oreja porque está producida por la cadena americana ABC, controlada por la Iglesia, y temo encontrar al final de la temporada algo que impregne de puritanismo y casposa mojigatería todo lo ocurrido, algún mensaje con tintes católicos que eche a perder la serie. Cruzo los dedos porque no.

Por otra parte, el futuro de la serie parece peligrar. Aunque por lo visto habrá una segunda temporada, las tensiones entre el cast se pueden degustar con cucharilla de café. La foto, portada de Vanity Fair de mayo, es toda una proeza según los editores. Durante la sesión hubo una auténtica lucha de gatas por ver quién escogía primero el bañador o cuál era la agraciada en posar en el centro. Por lo visto quieren restarle protagonismo a Teri Hatcher (Lois & Clark) en favor de las demás. Esperemos que la ABC sepa calmar los ánimos como es debido en estos casos: a golpe de talonario.

El tiempo que no he dedicado al visionado de la serie lo he invertido en un poco de housekeeping y en una fiesta en una residencia a la que nos desplazamos la sección italogrecoespañola del estudiantado Erasmus, ayer sábado. La residencia es la más codiciada de Copenhague pero yo la encontré bastante cutre. En realidad creo que era la primera fiesta catalogada Erasmus, con denominación de origen del consejo regulador, y estuvo graciosa. Dejamos los abrigos en la habitación de una griega llamada Alexandra, que decidió que me iba a presentar a todos sus amigos para liarme con ellos, al estilo más alcahueta posible. Yo pasando bastante; haciendo un poco el shorra por allí, pasó la noche con más pena que gloria. Lo único reseñable fue que al principio vimos a un tío con un jerseycito de cashmere palabra de honor, terrible terrible. No dábamos crédito, hasta que vimos a más travestidos y decidimos que era una apuesta típica de colegio mayor.

Biolocos counter: 3 días

Nota: los comentarios sobre los personajes masculinos de Desperate Housewives y su falta de camiseta en la práctica totalidad de los capítulos me los reservo para más adelante.

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