viernes, abril 29, 2005

Paseando a Mrs Eric

Ayer por la tarde, con dos horas de retraso, llegaron Mrs Eric y Juan. Mrs Eric maravillosa, como siempre, con su pelo de pelu y sus gafas de Lisa Loeb.

Decidimos hacer cena española para mis compañeros, que no se hartan de tortilla de patatas ni aunque se la haga todos los días. Lo mejor fue ir al supermercado con Mamá Eric, y las pronunciaciones de los productos, y la cara de flipada:

- Hijo, qué de guarrerías.
- Eso comes? Así te estás poniendo!
- A ver, esta mermelada de jordbaer, (con una pronunciación que me tuve que agarrar al carro para no cagarme de la risa, algo así como jorubere) de qué coño es!
- Uy, pues no es tan caro como decías.... a cómo decías que estaba la corona??
- Tienen repollo? (para el cocido)

Porque aquí mi amiga se ha venido con una maleta llena de huesos de jamón, espinazo, carne, tocino, gallina, morcilla y chorizo para hacer un cocido madrileño del que no nos vamos a recuperar en una semana. Como cuando lo como en Madrid los domingos y me quedo toda la tarde abotargado en el sillón, que no puedo ni moverme.

Y es que las madres, aunque sean jóvenes, modernas y transgresoras, son madres al fin y al cabo. Hay una impronta (imprinting) que puede más que todo. Así que mucha gafa de pasta y mucha historia pero a veces es como una señora mayor de pueblo (que por otra parte, me encantan las madres de pueblo, de las que hacen bolillos en los patios y preguntan "y tú de quien eres" y cosas del palo).

Mis compañeros flipan, les parece de traka que siempre que viene alguien a visitarme traigan comida en cantidades industriales. También dicen que la tortilla de patatas les parece la expresión gastronómica del amor. Qué tiernos!

Luego me los llevé a dar una vuelta de noche, y como hacía un frío que pelaba, tuve que soportar la misma canción de los 3o y pico grados de Madrid, y todo el mundo en camiseta, y blablabla...

No sé cómo me las apaño pero siempre que tengo visita tengo que venir al laboratorio a currar, soy un auténtico pringado. Ahora estamos con una parte del proyecto nueva, y bastante más interesante, que también conlleva más horas de curro. Encima el jefe se ha ido de vacaciones y me ha dejado a mí (????) al cargo del tema, con lo que tengo que estar en el labo a las 8 y levantarme hiperpronto. Pronto para mí, porque aquí es lo que se lleva. Así que voy a ver si me meto caña y salgo pronto que esta tarde hay Tivoli (estoy intentando convencer a Mamá Eric de montarse en la supermontañarusa, que puede ser un espectáculo).

Y la pregunta es: esta noche, acabaremos en el JailHouse?

jueves, abril 28, 2005

Junto al muro


miércoles, abril 27, 2005

Tschüs, Berlín

Berlín, qué genial.

El viaje empezó como una locura, una ida de olla más de las mías. Volviendo de la universidad me di cuenta de que este podía ser el ultimo fin de semana libre antes de meterme de lleno a escribir el proyecto y morirme del asco. Así, dije, me voy a Berlín. Fui a la estación y no había billetes, pero me dijeron que me presentara en el bus por si acaso alguien no aparecía. Subí a casa y metí en la mochila cuatro cosas y el saco. El bus salía en 15 min, así que ni tiempo para sacar pelas. Me presenté en el bus y sobraban dos sitios. Supliqué a la conductora que me dejara subir, que le pagaría el billete cuando llegáramos a Alemania; la mujer, que era sueca, no se hizo la idem, y me dejó subir. Sin un duro, sin billete, sin batería en el móvil y sin alojamiento. Y es que oiga, estas cosas o se hacen así y ahora o no se hacen nunca.

El viaje no se me hizo muy pesado gracias al torrente de adrenalina que corría por mis venas, y al sueco majo y guapo que tenía al lado y fue dando cháchara todo el camino. Llegamos a Berlin a las 6 de la mañana del viernes, con un frio de cojones. Allí conocí a dos chicos de Pamplona majísimos que me dieron la dirección de su albergue para que preguntara. A las 9 de la mañana ya tenía cama, ducha, dinero (en euros!!) y salí dispuesto a comerme la ciudad, o en su defecto, un buen bagel. El tiempo era estupendo así que me fui a Alexanderplatz y me subí a la torre de TV, que tiene el ascensor más rápido de Europa y subes en 6 segundos. Desde arriba unas vistas de la ostia. Parada y fonda en la oficina de turismo. A esas alturas ya me había dado cuenta de dos cosas:

- los teutones que se dedican a la atención al cliente están quemadísimos y te perdonan la vida,
- a la gente no le sale de la pipa hablar inglés,

lo que me pareció que tenía bastante encanto.

Otra de las cosas de las que ya iba advertido pero no dejó de sorprenderme fueron los chiquiprecios; y si vienes de Copenhague todo te parece una ganga. Así que el primer día me dediqué a hacer ruta por tiendas de segunda mano y comprar ropa al peso, como en la carnicería. Y a cortarme el pelo, que ni en Madrid se corta el pelo uno por 8€. Y a comer en sitios guays por 6€.

Me pareció totalmente maravilloso andar por la calle entre tanta gente, como en Madrid, con lo que me gusta perderme entre el barullo (y meterme dentro). Por la noche salí solo pero no por mucho tiempo. En el primer bar en que estuve conocí a dos chicos de BCN en un principio majos, estuvimos charlando y tomando unas cervezas. Luego aparecieron otros dos, también de la ciudad condal, y ya hicieron piña y no me hicieron ni puto caso. Ni falta que me hacía porque los nuevos se tiraron todo el rato que pude soportarles diciendo, con una cadencia que me ponía de los nervios:

- Pues vaya mierda de ciudad, noooooooooooooooooo? Es que no hay un sitio como Salvationnnnnnnnnnnnnnnnn? Queremos ir a un sitio como Salvationnnnnnnnnnnnnnn! (todo como con cara de tener cacosmia crónica)

Venga hombre por favor, que yo no he estado en la Salvation, pero vamos. Cuando me quise deshacer de ellos era tardísimo y me fui a dormir dos horitas. Pero ya me habían dicho el sitio ineludible al que debía ir el sábado: Berghain/Panorama Bar.

El sábado fue el día cultural, y a sabiendas de que me iba a quedar sin ver muchísimas cosas, prioricé y fui al Neue National Gallerie, construido por Mies Van der Rohe. El edificio muy guay, y el contenido más. De allí al Museo Judío, de Daniel Libeskind. La arquitectura en Berlín es una pasada. El museo contenía demasiada información pero merecía la pena solo el edificio y todo el simbolismo que encerraba; simbolismo que fue desgranado paso a paso por un guía muy guapo que me estuvo siguiendo un buen rato hasta que me puse a hablar con él. Y después de hablar de arquitectura quedamos por la noche en el Berghain, también recomendado por él.

A la salida del museo me encontré con Álvaro, vecino de mi amigo Pocho y compañero también del colegio, uno de esos encuentros en la tercera fase que te meas de la risa y caes en tópicos como "quepequeñoeselmundo" o "quefuertetioquefuertequehacesaqui".

La noche berlinesa es de traka: mucho oso, mucho leather, mucho fetish, mucha casa okupada, mucho punki. Y me encanta. Así que por la noche volví al sitio del crimen, ya que la noche anterior no se había dado mal, para hacer tiempo. Unas cervezas y listo para ir al antro de depravación citado.

Estuve como una hora buscando el sitio, andando por descampados y calles bastante bronxeras. Al final dos germanos me dijeron que también iban allí y que me acompañaban. Ir allí es como ir a Las Barranquillas: un camino de tierra en el medio de la nada y un tráfico de taxis que ni en la M30. El edificio era una planta eléctrica abandonada desde los 50, y que desde entonces nadie parecía haberla tocado o limpiado. A la entrada te cachean como en el aeropuerto, pero no porque teman que lleves armas o cosas por el estilo, sino porque está terminantemente prohibido meter cámaras o móviles con cámara: hay que preservar el misterio y la leyenda. Según entré en la nave lo primero que vi fue unos neumáticos de trailer gigante tirados en el suelo, en los que la peña fornicaba alegre y salvajemente; en otra parte, cienes y cienes de sofas con gente drogándose, durmiendo, trasteando... de todo. En la planta de arriba estaba la pista techno, que es el plato principal del sitio (o es el fornicio?). No es que yo sea súper fan y super entendido del techno y el house, pero la música era tremenda. En la última planta había otra sala de música más tranquila, con sofás y gente relajada y tal. Lo cojonudo es que te podías encontrar cualquier cosa y ver todo lo que ocurría, sin oscuridades ni nada. de hecho en la planta de arriba se hizo de día, y el sol entrando por todas las ventanas, y a la gente se le pelaba. Yo para eso soy bastante vampiro y no soporto que se me haga de día, la luz del sol, pero me dio igual. Conocí a un chico de BCN, un punki con falda escocesa que cada vez que soltaban el típico humo blanco se acercaba sibilinamente a tocarme el miembro, yo no daba crédito. Gente por todos sitios, muchísima gente. No paré de bailar en toda la noche, y no tomé nada de nada: a tope sin drogas.

El sitio aguantaba hasta la noche del domingo, y me hubiera quedado de no haber sido porque me quedaba por ver el Reichstag y no me lo quería perder. Según salí habían montado un mercadillo de antigüedades entre las que encontré artículos bastante de traka: todo tipo de insignias y pins, uniformes de las SS, fotos de Eva Braun y el doctor Mengele, un muñeco de Pumuki que cantaba la canción de la serie en alemán...

En el Reichstag me dio el chungo, provocado por la falta de horas de sueño, la trayectoria espiral para subir a la cúpula y el vértigo cuando llegué arriba. Vamos que tuve que bajar casi sentado. Y conseguí no vomitar, pero no pude evitar quedarme sobadísimo en el césped de enfrente.

Cuando me desperté me fui a ver el Muro y una exposición llamada "Topografía del terror", bastante impresionante. Luego quedé con los de Pamplona para tomar una cerveza, y mientras les esperaba conocí a un alemán llamado Volker, más majo que las pesetas. Eran las 17 y el bus de vuelta salía a las 21.30, pero después de cervecear con los pamplonicas quedé con él. Y me enseñó su barrio, me llevó a sitios flipantes, me invitó a cenar a un sitio chulísimo, me dio una vuelta en coche por Berlín de noche, y me dejó en la estación de autobuses como un caballero. Y así es que uno no puede más que enamorarse de Berlín.

Y me gusta Berlín porque es una ciudad dinámica, en construcción, con obras, totalmente imperfecta, con contrastes, la gente es relajada, el metro se cae a cachos pero cada estación es auténtica, los precios te permiten hacer cosas, la gente no habla inglés y te tienes que buscar la vida; porque he visto parte del Berlin que no sale en guías; porque sé que me quedan muchas cosas por ver, sé que tengo que volver. Porque no se parece en nada a Copenhague, y en algunas cosas es como Madrid; porque es una ciudad con una historia flipante, prostituida por mil regímenes y que sigue alive and kicking.

Porque me fui sin nada, con una mano delante y una detrás, y me he vuelto con una sonrisa de oreja a oreja, de las que no se pagan con metal.

sábado, abril 23, 2005

Willkommen, bienvenue, welcome

:: BeRLin!! ::
:: pePiniLlos coMo eN gOod bYe leNin!! ::
:: arQuitecTura pAra nadA efImeRa!! ::
:: grAndeS GerManOs!! ::
:: moDernoS y ModeRnas!! ::
:: aDidAs!! ::
:: kiT kAt KluB!! ::
:: chUKrut!! ::
:: caNcaneO pOr la caLle!! ::
:: tEmpLo dE RopA dE 2a maNo!! ::
:: vUelta Al eUro!! ::
:: mUsica eleCtroNica!! ::
:: tIeMpazo!! ::
:: cHiquiPrecioS!! ::
:: oSos, osEtes, osiTos y osaZos!! ::
:: aRte eN el AirE!! ::

::: nO quIero vOlveR a coPenhAguE!! :::

viernes, abril 22, 2005

Guten Morgen!!!

Ayer por la noche volviendo de la universidad me dió el siroco y decidí hacer un viaje, ya que hay puente en CPH. La historia de cómo hice la mochila en 10 minutos y me monté en un autobús sin billete ya la contaré. Muy fuerte lo mío.

Buenos días desde Berlín.

martes, abril 19, 2005

Un poco sí


Amanda, Neigor, La Carol, Lucy y Luisjor

Hoy estoy de resaca post visita. Me acaba de llamar mi jefe y he tenido que simular un dolor de garganta tremendo y una fiebre incluso con delirium tremens.

Los biolocos se fueron ayer, dejándome una serie de momentos impagables que no se si seré capaz de relatar fielmente. Han sido 5 días de no parar en general, y de no parar de reír en particular. Llegaron el miércoles por la noche disfrazados de faralaes y armando una tremenda en el aeropuerto. Cuando llegamos a casa y empezaron a sacar comida como si del bolso de Mary Poppins se tratara yo me cagué de la risa literalmente. Como no había tiempo que perder, nos fuimos a dar un voltio nocturno por el centro y a tomar unas cervezas a Jailhouse con Ann; las caras de los parroquianos al ver entrar a un nutrido grupo de tías y yo con sombrero cordobés eran de no dar crédito. Ann había estado esperando un buen rato e iba chispita por decirlo suavemente.

El jueves muy a mi pesar tenía que ir al laboratorio así que elaboré un plan museístico para tenerles entretenidos. Pero el perreo y el costreo pudo con ellos y cuando les llamé a las 3 de la tarde estaban todavía en casa, así que acudí raudo y veloz y nos fuimos a comer tirados en un parque y tomar un té a un sitio que era una mezcla entre peluquería, cafetería y taller de carpintería, muy extraño. Después, sesión de fotos de las niñas, que les encanta una cámara y salen además súper naturales, casi sin posar. En casa hicimos cena española, todo muy rico, y al final acabamos todos bastante piripis, y La Carol diciendo que los españoles bebemos más que los daneses, mientras Ida se descojonaba en su cara.

El viernes yo tenía que ir al laboratorio, pero me quedé en casa para asegurarme de que estos no se quedaban tirados y mandarles al Museo de Arte Moderno de Louisiana, una pasada de museo y de sitio que no quería que se perdieran. Y cómo no, la tenían que liar. Resultó que pasaron primero por Helsingor, donde el castillo de Hamlet, y a la vuelta en el tren un mendigo acompañado de un perraco amenazó a Luisja con un martillo. Luisja, que como yo se ha criado en la Vallecas de los 80, mantuvo el temple y no movió ni una ceja, consciente de que la situación estaba controlada, mientras las chicas se levantaban y gritaban “oiga, oiga” (no comente), superconvencidas de que el martilleador iba a atender a razones, y en español. Al final la revisora le arrebató el martillo le redujo. El resultado fue media hora de retraso del tren y Luisja y Lucy declarando ante la policía. El diálogo, pronunciado con inglés almodovaresco, no tiene desperdicio:

Luisja: “And then I said Qué susto, that means, What a…….” buscando la respuesta de Lucy, que no perdía comba con el policía que por lo visto estaba tremendo.

Lucy: .....uuuuuuu

Ya pasado el susto fuimos a casa a darnos un agüita y corriendo al Tivoli, que abría la temporada y había un concierto de un grupo llamado Baal (no sabemos dónde estaban Michael Jackson y las sacerdotisas). El concierto nos la pelaba bastante y fuimos a montar en una montaña rusa, y a comer, que es lo nuestro. Luego Bene nos llevó a un sitio australiano con música en directo, y claro, como era australiano pues tocaron Grease, porque Olivia NJ es de allí. Allí la volvimos a liar y nos plantamos delante del cantante a bailar y hacer el subnormal, mientras la gente nos miraba con vergüenza ajena. De allí fuimos a Vega, donde habíamos quedado con Ann, Yuu y Michele, rebautizado por La Carol como Makelele. Las niñas dijeron que no les hacía mucha gracia el house, pero es que pincharon musicón con un saxo en directo, y acabamos dándolo todo subidos a una plataforma y montando el espectáculo: Amanda y Neigor rompiendo corazones, Luisja y Lucy dando un particular peep-show, Carol y yo fichoteando sin parar de darle al drinkin. Acabamos la noche haciendo una visita relámpago al Cosy, pero la imagen de Lady Puta con el rabo fuera les sobrepasó y nos retiramos a nuestros aposentos.

El sábado amanecimos tardísimo excepto Nagore y Luisja que se fueron a la Galería Nacional como unos campeones. Habíamos quedado con Bene para hacer picnic y celebrar su cumpleaños. Nos juntamos un huevo de gente y después de comer propusimos jugar a Pressing Kiss, un juego de quinceañeros para dar besos a todo el mundo y acabar revolcados en el césped. Los daneses no jugaron, y al final Amanda acabó con una rodilla dislocada fruto de un choque con Ann, y yo con una pierna del pantalón abierta hasta la rodilla, que parecía que iba de stripper. Nos fuimos corriendo a ver si podíamos hacer el tour por los canales en barca, pero ya estaba chapado, así que fuimos a Christiania. Yo no sé la imagen que tiene la gente de Christiania, pero desde luego ya no es lo que debió ser. Desde que la policía entra cuando le da la gana está de capa caída, aunque hay cosas que merecen la pena, como el restaurante vegetariano o el rincón de la ropa usada donde vas y coges lo que quieres.

Nos invitaron a una fiesta en NørreBronx, a casa una amiga del colegio de Lucy que está de Erasmus aquí también. Tras subir 4 pisos con Amanda a caballito flipamos con el duplex de la pava. En la fiesta estaba parte del españolismo de la DTU, que redujo parcialmente mi aura. Lucy se encontró con Facho, viejo amigo. Nos bebimos unas copillas y nos fuimos a la Student House, donde había una fiesta llamada “A queer party for a queens night” o algo así, porque era el cumpleaños de la Reina Margarita. Cuando entramos había un grupo versionando “Relight my fire”, de traka. Luego la música estuvo bien pero las niñas querían perreo y reguetón, y eso pues es un poco imposible en CPH. Fuimos al Tequila, donde nos juntamos con los caballeros de Amager y más españolismo. Aunque la Carol discrepará conmigo (momento Ghost) lo mejor de la noche fue la vuelta a casa totalmente pedos, cuando les llevé a la estación de bomberos y Lucy se puso a tirar unas flores que se había encontrado por la calle a las ventanas de la sala donde hacen guardia. También nos encontramos una lavadora y Luisja y yo intentamos hacernos los machos pero no la movimos ni un metro. Ya en la cama, Carol tuvo que echar el ancla (la pierna) porque la cama parecía el looping star del parque de atracciones.

El domingo estaba destinado a perrear, pero como Lucy se iba por la tarde nos levantamos pronto y salimos pitando para hacer el tour por los canalillos, que es lo mejor que uno puede hacer un domingo de resaca: montarse en un barco en el que encima hay dos hijos del demonio que se tiran todo el viaje gritando en la fila de detrás. Después de unas cervecillas en Nyhavn fuimos a comprar comida a Aldi, los supermercados donde la gente entra con la cara tapada de la vergüenza. Yuu y yo llevamos a Lucy al aeropuerto, y corriendo a comer y a siestear. Luisja demostró su supremacía catódica con el juego de adivinar la música de series y dibujos, acordándose de rarezas como Starman.

Ayer, a pesar de que contábamos con una lisiada en nuestras filas, el batallón se fue de compritas. No había mucho tiempo, pero se aprovechó muy bien. Las chicas arrasaron, literalmente, y mientras yo me llevé a Luisja a ver la Filmoteket. Luego corriendo al aeropuerto en plan contrarreloj.

En contra de mis previsiones, no me quedé hecho un trapo. Me lo he pasado tan bien, me he reído tanto, que creo que tengo para tirar lo que me queda. Lo malo de las visitas es que llevas tanto tiempo preparándolas que cuando se acaban todo parece vacío. La habitación ahora se me hace grandísima, sin secadores, toallas, bolsas de aseo y kilos de trapitos esparcidos por todos sitios.

Echaba tanto de menos esa complicidad que tengo con mis amigos, de decirnos cosas con miradas, de hablar hasta las tantas, de reír y hacer el shorra, de fichar… todo en general. Con amigos todo es de puta madre.

La semana que viene aterriza Mrs Eric, cargada como una mula para arrearnos un cocido de esos que dejan KO al más chulo.

NOTA: joder qué largo. Un premio a quien se acabe de leer esto. Y otra cosa: he conseguido bloguizar a las biolocas!!!!!!


miércoles, abril 13, 2005

Unas giras por Denmark, y te forras

Los BióLOGoS aterrizan en unas horas en el reino de Dinamarca, y todo debe estar preparado. Como todavía no tengo el problema de habitar en una minivivienda, se van a quedar todos en mi casa, aunque como me encanta gastar bromas ellos todavía no lo saben, jejeje. La broma no sé si me va a costar la amistad con alguno, porque me consta que más de uno ya va a montarse en el avión pensando que se va a tener que duchar en un polideportivo.

Desde que llegué he intentado por todos los medios aprender danés lo más rápido posible, para impresionarles cuando vinieran a verme, pero me parece que mi gozo se queda en un pozo, con Samara. El año pasado cuando estuvimos en Roma y vimos a Luisja hablar italiano dije halayotambiénquiero, y mira que lo he intentado, pero es que el danés es mucho.

En realidad eso es lo de menos, porque han venido a alegrarme la vida, a echarnos unas risas y estar de cháchara hasta las tantas, a salir por ahí hasta las mil, a ir de compras y de hurtos, a traerme comida para ponernos hasta el culo, a hacer coñas de MartesyTrece, a fichar maromos y maromas, a contar cotilleos y quefuertecarmenes, etc.

El tiempo se ha jodido y nadie sabe cómo ha sido. Vamos a ver si le rezamos a San Isidro labrador, que ver la Sirenita con este gris no luce nada de nada. Más información sobre la visita de los biolocos en el fotolog.

lunes, abril 11, 2005

Desperately seeking housewives



Estas cinco señoritas me están volviendo loco: no como, no duermo, y no salgo de casa. Ida y yo nos hemos pasado el fin de semana absortos con la primera temporada de Desperate Housewives.

Me cuesta reconocerlo, pero al otro lado del atlántico saben realmente hacer TV con mayúsculas, y esta serie es un claro ejemplo. De momento sólo he visto la primera mitad de la temporada, tiempo suficiente para rendirse ante la evidencia de que es, por lo pronto, terriblemente adictiva. Desde mi subjetivo punto de vista me parece que es una masterpiece, de principio ( la cabecera con los títulos de crédito ya es una obra de arte; a decir verdad, son varias :D ) a fin. La narración es genial; el hilo argumental y las subtramas están perfectamente empastadas; el tono fresco, y el ritmo de la acción trepidante. En tan sólo 8 episodios uno se da cuenta de que los guiones dibujan un perfecto retrato de los personajes, que están desarrollados estupendamente. La evolución de los habitantes de Wisteria Lane, absolutamente creíbles, en tan poco tiempo hace que sea muy dinámica. Las protagonistas están todas maravillosas, pero me encanta Felicity Hauffman en el papel de Lynette.

Vamos, que estoy que no cago con estas amas de casa. Sin embargo todavía estoy con la mosca detrás de la oreja porque está producida por la cadena americana ABC, controlada por la Iglesia, y temo encontrar al final de la temporada algo que impregne de puritanismo y casposa mojigatería todo lo ocurrido, algún mensaje con tintes católicos que eche a perder la serie. Cruzo los dedos porque no.

Por otra parte, el futuro de la serie parece peligrar. Aunque por lo visto habrá una segunda temporada, las tensiones entre el cast se pueden degustar con cucharilla de café. La foto, portada de Vanity Fair de mayo, es toda una proeza según los editores. Durante la sesión hubo una auténtica lucha de gatas por ver quién escogía primero el bañador o cuál era la agraciada en posar en el centro. Por lo visto quieren restarle protagonismo a Teri Hatcher (Lois & Clark) en favor de las demás. Esperemos que la ABC sepa calmar los ánimos como es debido en estos casos: a golpe de talonario.

El tiempo que no he dedicado al visionado de la serie lo he invertido en un poco de housekeeping y en una fiesta en una residencia a la que nos desplazamos la sección italogrecoespañola del estudiantado Erasmus, ayer sábado. La residencia es la más codiciada de Copenhague pero yo la encontré bastante cutre. En realidad creo que era la primera fiesta catalogada Erasmus, con denominación de origen del consejo regulador, y estuvo graciosa. Dejamos los abrigos en la habitación de una griega llamada Alexandra, que decidió que me iba a presentar a todos sus amigos para liarme con ellos, al estilo más alcahueta posible. Yo pasando bastante; haciendo un poco el shorra por allí, pasó la noche con más pena que gloria. Lo único reseñable fue que al principio vimos a un tío con un jerseycito de cashmere palabra de honor, terrible terrible. No dábamos crédito, hasta que vimos a más travestidos y decidimos que era una apuesta típica de colegio mayor.

Biolocos counter: 3 días

Nota: los comentarios sobre los personajes masculinos de Desperate Housewives y su falta de camiseta en la práctica totalidad de los capítulos me los reservo para más adelante.

martes, abril 05, 2005

Quemados por el sol

Sí, sí. Nadie se lo cree, pero ayer estuvimos comiendo tirados en el césped de la universidad, una posibilidad que ni en mis sueños más bizarros había contemplado. La gente está de mejor humor, se les nota en las caras. El otro día una señora me paró en la estación y de sus palabras en danés pude deducir que me estaba tirando los trastos, muy fuerte.

En definitiva, que la primavera está aquí y la gente se ha vuelto loca. Y como yo no estoy por encima del resto de los mortales, me incluyo.

Este fin de semana ha estado por aquí Leyre, amiga amiguísima de Ann, y ya un poco mía también. El viernes hicimos una cenita en casa con unas amigas de Ida del departamento de español. Intentaron hablar en español, pero nada, al final las pobres se atoraron y acabamos en danespanglish. Ronan estuvo guarreando con la comida, poniendo guacamole, pepino y queso encima de unas lonchas de chorizo ibérico, para joderme. Estuvimos hablando de las gamberradas de Jonas. La última ha sido hacer un audiomontaje para el contestador automático, con la voz de A. Fogh, presidente del gobierno, diciendo cosas como "Dinamarca es un país muy peligroso, con mucho crimen, y tal" y luego sale Jonas y le dice "venga, vale, que te pires". Estoy deseando que llegue el calor de verdad, porque me han dicho que en verano cogen el megáfono y anuncian falsos cambios de vía y destino en la Estación Central, aprovechando que vivimos a escasos 10 metros de los andenes.

Luego nos fuimos a una fiesta que había en la universidad. ¿He dicho fiesta? JÁ. Lo primero, una seguridad que ni en el Pentágono, casi nos cachean para entrar. Luego, no se les había ocurrido otra cosa que poner mesas y velas, y los cuatro gatos que había estaban apoltronados, parecía el velatorio papal. Ida y yo nos lanzamos a la pista de baile a hacer el chorra, y a nuestra llamada acudieron cienes de gentes. Una vez animado el cotarro decidí irme, con la sensación de haber cumplido con mi deber. Como las cervezas en la uni son baratas y están calentorras, pues se me subieron un poco y cogí la bici en dirección al centro, un poco chispa. Mi trayectoria sinusoide debió hacerle mucha gracia a un chico que me encontré por el camino, que me preguntó si me iba a casa. Le respondí que no, que iba a Jailhouse, y me dijo "uy qué bien, vamos". Conducimos por el camino charlando y tal, y yo maravillado de haber ligado en movimiento encima de la bici, es lo último. En realidad el chico había entendido Jazzhouse, y cuando le dije que no, me dijo adiós muy buenas y siguió. La noche tampoco dio para más, aparte de que me dio el rollo cariñoso y estuve un poco pesado con Ann, Leyre y la Galleta.

El sábado me levanté de bastante buen humor. Hacía buen tiempo, así que abrí las ventanas, puse el disco de Nino Bravo y la melancolía se apoderó de mí. Era como estar en casa, un sábado por la mañana cualquiera. Sólo faltaba un cocidito madrileño en el fuego... Ay Mrs Eric, ya se puede venir cargada con el tocino y demás marranadas para deleitarnos. Por la noche estuvimos en Vega, discotecón que está muy bien, y en el que van a arrasar Carol, Nagore, Amanda y Lucy cuando vengan (ya sólo quedan 11 días!!); mientras, Luisja y yo tendremos que pretender que son todas nuestras para que los turcos, que han hecho de la segunda planta un Little Ankara, no se les echen encima. Aunque yo creo que si vendemos a Amanda nos sacamos un dinerito, qué pasa.

El domingo fue bajón total. La astenia primaveral se deslizó por debajo del edredón y me atrapó. Como bien apuntaba Ann, lo mejor en esos casos es autodestruirse y autoflagelarse, y optar entre ver una peli de Von Trier y pedir perdón por seguir viviendo o, como hice yo, Angels in America. Sólo vi los 4 primeros, pero me quedé hecho una mierda. Me fumé el día en casa (nunca volverá a hacer tan bueno, me he perdido la vez que mejor ha hecho) y tuve que ir al laboratorio, lo que me hizo sentir profundamente miserable. A la vuelta quedé con Ann y fuimos a ahogar nuestras penas en grasa y curry, materializados en forma de ThaiBox.

Ayer lunes, laboratorio, curso de danés y a comprar con los chicos de Amager (fuimos al supermercado del cajero punk, pero no estaba). Cuando llegué a casa encendí la tele: el hombre del tiempo diciendo que se acabó lo que se daba; en la tele sueca la 3ª temporada de 24, que aún no he visto y me muero por devorar, pero paso de verla empezada. Quiero hacerme un maratón y verlo todo el mismo día, sin comer ni ir a mear. Tengo mis sospechas de que no es tan buena como las dos primeras, pero Jack Bauer es lo más, y en L.A. hay que morir.

Luego me bajé el archifamoso vídeo de la FAES (que me suena a FE-JONS) y me quedé petrificado. Sólo puedo decir que hay que ser sinvergüenzas, vamos; seguirán pensando que la gente es subnormal, allá ellos. La izquierda, los rojos, el coco, el hombre del saco, cuidado. Venga hombre, por favor. La voz de la narradora me recordaba a unos cuentos-cassette que tenía de cani, que ibas leyendo y a la vez escuchando, y cuando tenías que pasar de página sonaba un pitido que tengo grabado a fuego en mi cóclea. "La reina de las nieves", "La princesa y el guisante", "El traje nuevo del emperador"... muchos de ellos de HC Andersen. Qué fuertes eran los cuentos de este hombre: soldados que mueren entre las llamas, indigentes que mueren ateridas de frío, sapos castigados por su curiosidad, sirenitas travestís abandonadas, patitos que sucumben a las imposiciones estéticas y pasan por quirófano para hacerse unos "retoques"... un poco hardcore.

Esto me lleva a comentar que los actos del aniversario del nacimiento de este hombre fueron una full. Tina Turner, después de jurar y perjurar que ésa sería su última actuación, se subió al escenario como pudo y, bueno, pues lo de siempre, enseñando bien de pierna y abriendo mucho la boca y poniendo cara de leona. La gente pagó por las entradas auténticas barbaridades, para ver a dinosaurios como la ex de Ike, JeanMichel Jarre y Olivia Newton-John. Si por lo menos hubiese cantado "Hopelessly devoted to you"...

Hoy no me encuentro muy católico y me he quedado en casa, me apetece un día casero, de manta y pelis. 11 días y los biolokos están aquí. Voy a limpiar la habitación.

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