domingo, marzo 27, 2005

Boogie Nights

¿Por qué me gusta tanto rebañar los platos? Y cuando digo rebañar me refiero a dejarlos prácticamente como si hubieran salido de un lavaplatos, relucientes. Eso es lo que estaba pensando ayer mientras me comía una bola de helado de chocolate después de cenar en casa de los chicos de Amager. En realidad la cantidad de helado que uno puede arañar del plato cuando se ha acabado es ínfima, no llega a un 1% de lo que cabe en una cuchara; y sin embargo siempre me afano en aprovecharlo al máximo. Y como eso, todo, siempre igual. Empiezo a pensar que tengo una relación bastante insana con la comida, porque hago auténticas barbaridades que no ha lugar relatar aquí porque podría suponer el ocaso de este blog. Igual necesito ayuda de un profesional, pero paso de buscarla aquí, porque para poder pagármelo tendría que dejar de comer y eso sí que no.

Tras esta confesión, que supongo os ha dejado sobrecogidos y escalofriados (es como si de repente os dijera: "Mi vecina usa Tampax"; me contestaríais: "Y a mí qué"), os cuento que tras la cena de ayer nos fuimos de farra Ann y yo. Habíamos medio quedado con Mike, que andaba por ahí con Magnus, un compañero del equipo de rugby que se muda a San Francisco a vivir y anoche celebraba su despedida (nosotros más que celebrar guardábamos luto). Cruzamos cuatro palabras de rigor y nos desligamos, dispuestos a desplegar nuestro españolismo. Aparte de tener enamoraítos a los dueños y camareros del local, la clientela también se deja seducir. Uno de los que cayeron en nuestras redes ayer fue un alemán que llevaba una camiseta que ponía "Bearcelona"o algo así, de un happening oso en la ciudad condal hace no sé cuánto. Estuvimos practicando ese deporte tan guay que es juntarte con extranjeros y criticar todo lo posible el país de acogida (en este caso, Dinamarca). El pavo criticaba lo queenies que son aquí mientras no paraba de hacer aspavientos con las manos y se reía histriónicamente, como Concha Velasco.

Pero sin lugar a dudas, el personaje de la noche fue uno al que hemos visto varias veces por allí, que se parece a Jaffar, el malo de Aladdin. Pues ayer decidió salir con sus mejores galas y nos dejó con cara de croqueta a todos los parroquianos. El disfraz era indescriptible, aparte de lo absurdo de disfrazarse así en unas fechas en las que para nada procede hacerlo. Como tardaré en subir las fotos al fotolog, lo intentaré describir para una imagen mental, a pesar de lo arriesgado que es tamaña empresa. La base del disfraz era un uniforme leather clásico, con sus correas, su tachuelas y sus metales. Bueno, no tan clásico porque en vez de pantalones de cuero el pavo se había hecho una falda pantalón, con el culo al aire y tal. La falda de cuero con estampados muy étnicos y tribales, y con motivos ornamentales de marfil y ópalos colgados por doquier. El pecho estaba todo recubierto por diente de oso egipcio, o morsa africana o vete tú a saber qué, y sobre los hombros unas colas de zorro, armiño o chinchilla. El toque pop se lo daban unas chapitas con la cara de la reina Margarita, el Dalai Lama y alguien todavía por identificar pero que me apuesto el cuello a que es Manuel Aleixandre, un actor con una gran proyección internacional.
Pero lo mejor está por llegar. El tocado o sombrero que llevaba hubiera sido la locura en el programa ese de Miliki y Rita Irasema donde tenías que llevar un sombrero imposible y te lo cambiaba Rita por dinero (fui a ese programa con el colegio y me sentaron al final del todo porque no llevaba sombrero; Luisja, sin embargo, consiguió un "te lo cambio, chan!!"). Bueno, al tajo: el casco era como de vikingo, con cuernos y tal. Además le había pegado unas placas en la parte frontal, como de piloto de aviación. Estaba también recubierto por piel, en plan gorro de Boris Yeltsin. Luego tenía en la parte inferior a cada lado dos alas de águila imperial, impresionantes. En la parte de arriba, una cornamenta de alce (no sé si verdadera o no) en la que se engarzaba un gran globo terráqueo, y sobre el que descansaba una maqueta de estas de modelling de aviones, de African Airlines. Además, colgado de las astas del alce había un rosario con crucifijo en tamaño casi real. El globo estaba dispuesto de tal forma que se veía Africa con un triángulo con la bandera multicolor incrustado en el medio. Las astas por los lados tenían dibujos de osos amorosos y teletubbies, como pintados con plastidecor.

Huelga decir que no hemos tenido ni tendremos jamás una visión más kitsch, por lo menos del continente africano.

Luego ya todo nos pareció poco, y en el garito de depravación al que vamos ya a morir me empeñé en que nos íbamos a una casa de uno de la comunidad latina, de chillout. Obligué a Ann a punta de botella de cerveza a venirse, para al final dejarle medio tirado y cocido como un jamón de Campofrío, y aparecer a las 10 de la mañana en el medio de la nada (aquí llamado Rodovre), con un sol de justicia y un perrito caliente en la mano, andando hacia el horizonte, totalmente perdido y llamándole para hacer un brunch.

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