lunes, enero 10, 2005

Huracán Carter

Escribo con los pelos como escarpias mientras escucho una serie de canciones perpetradas por Luixi Toledo, que andan sueltas por el eMule, así que no sé qué clase de post me puede salir, me atengo a las consecuencias. Años más tarde me preguntaré por qué necesito ayuda psiquiátrica... Como La Chocho, que desde que la llevé a ver "Lo que la verdad esconde (What lies beneath)" se niega en rotundo a cerrar la puerta del baño cuando se ducha y evitar así que haga vaho y se empañe el cristal... son las cosas de la mente. Desde entonces siempre que vamos al cine tengo que darle ciertas garantías de que la película en cuestión es apta para ella (no para todos los públicos, sino para ella). Con respecto a la maldición de Cinecito, que nos persigue los días de Navidad, he de decirte que a medida que reposa, "The Machinist" me gusta más, aunque sigo pensando que le falta ritmo.

He de comentar mi día de Reyes. Por la mañana, antes de partir con rumbo a la DTU, había dejado en la mesa del salón unos detallitos para mis compañeros de piso: un espejo marroquí para Ida, una cajita de metal muy molona para Jonas, y para Ronan la edición danesa de Tesis, de Amenábar, traducida como "Snuff Movie". Con una notita diciéndoles que habían venido los Reyes Magos, en danés. Cuando llegué por la noche me esperaban con un brillo especial en los ojos, el mismo que dice mi madre que tenemos los chiquillos cuando llega el 6 de enero.
-"Mira en la nevera", me dicen.
En mi balda, una caja con los Reyes Magos dibujados a mano y una etiqueta que rezaba "til Álvaro". Dentro, yacía la más hermosa pieza de arte gastronómico jamás vista por mis ojos: un smørrebrød de carne que me hizo salivar cual perro de Pavlov. Además me habían comprado Delicatessen en DVD y me habían puesto unos pastelorros rellenos de chocolate en la habitación, con una nota: "para el cookie monster"; hay que joderse lo pronto que se me cala. Y por si no era suficiente habían preparado una cenita especial con velas y todo el tinglado. Tengo unos compañeros que no me lo creo ni yo. Después de pimplarnos 2 botellas de vino acabamos haciendo el cabra por la casa cámara de fotos en mano...

Este fin de semana, para los que no lo sepan, nos ha visitado en Copenhagen un bonito huracán de luz y de color. Se encontraba el que suscribe en casa de Ann O´Nadada, a donde se había dirigido con el fin de elaborar una paella con selectos y hurtados productos de la tierra, que iba a ser más tarde degustada por un heterogéneo grupo de italianos, polaca y griego. Sin embargo los cortes en la línea férrea impidieron que los arriba citados pudieran desplazarse al domicilio paelleril, no así el griego, Costas (Gavras), que nadie sabe cómo (cual Jasón y los argonautas, luchando contra viento y marea), sí pudo personarse. Lo que nadie impidió fue el cocinar de esa paella que nos metimos entre pecho y espalda, como los guiris, aunque Yuu (que es medio guiri) diga que eso no es de guiris. Paella que tumbó y dejó KO a Costas-Jasón, sólo os digo eso.

Y nada, tras el fin de semana huracanado ha vuelto la calma y he vuelto esta mañana a la rutina. El buen rollo que tenía hoy me lo ha jodido mi amiguísima compañera, que va y me dice:
- "Álvaro, you are so violent!"
Y todo porque tratando de hacer un replica plating me he cargado un filtro whatman (hablando en plata, que se me ha roto un trozo de papel). Así que sí, lo he hecho. La he clavado una punta de P1000 en la yugular y la he llevado al cold room del centro, donde la he descuartizado, triturado, y aislado su fracción mitocondrial y citosólica para alguna investigación. Cosas de la mente.

Me voy a buscar a la Estación Central a Sonsy, que llega con una amiga de Spain. Farvel!

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