viernes, noviembre 26, 2004

"Oye, sabes hasta dónde sube la marea?"


Conduciendo un Mercedes automático de 8 m de largo. ¿De donde lo saqué? www.lejetlig.dk

Se supone que esto del blog debe ser en sentido cronológico, pero últimamente mi noción espacio-temporal está bastante perjudicada por culpa de las cervezas y las juergas con Ann O´Nadada y compañía.

La semana pasada me mudé, por fin. Pero no fue una mudanza cualquiera, sino una señora mudanza, o Mrs. Moving. Tras recoger el coche fúnebre en la city, y unos cuantos frenazos fruto de la inexperiencia de quien suscribe con coches automáticos, llegamos a Ikea, donde desayunamos raviolis con salsa de setas y sopa de zanahorias con patatas fritas, a eso de las 12 de la mañana. Y es que os digo que lo de los horarios todavía no lo llevo muy bien...
Para qué os voy a contar cómo fue el tema en Ikea, creo que no queda persona sobre la faz de la tierra que no haya sido seducido por los encantos de sus precios. El punto de no retorno es coger la bolsa amarilla de la entrada, en ese momento ya estás perdido. Es entonces cuando te empiezas a preguntar cómo has podido vivir hasta ese momento sin los maravillosos aparejos de cocina con que cuentan (¿sabíais que el exprimeajos de ikea es al artículo de Ikea más vendido en el mundo?). Así que al final acabas llevándote la bolsa amarilla repleta de chorradas, que cuestan por separado "súperpoco" pero que luego en la caja, suma y sigue, te dan el palo. A título informativo: los Ikea aquí no tienen detectores a la salida...

Así que después de nuestras compras compulsivas (y tb compulsorys), fuimos a mi habitación. En este momento mis recuerdos se difuminan: sólo recuerdo cajas y cajas, muebles y una maleta que valía más por lo que pesaba que por lo que contenía. Todavía no entiendo cómo en tres meses he podido acumular tantas cosas: creo que tengo un síndrome de Diógenes galopante. Cabe decir que tuvimos que hacer dos viajes con el coche fúnebre hasta arriba. Ya en mi nuevo piso, nos esperaban mis compañeros para echarnos una mano. Y es que son súper majos, además de súper bohemios. Por la noche Jonas toca la guitara e Ida, su novia, canta. Tienen un rollo un poco Marlango, así que yo aquí encantado con la viè bohème. De hecho esto de vivir en el centro y mirar la hora en el reloj de la torre del ayuntamiento es lo más bohemio que he hecho en mucho tiempo. Y es que todo esto contribuye a alimentar ese aura de inaccesibilidad que nos caracteriza y del que bien habla Ann O´Nadada.

Hay que joderse lo bien que me lo paso con Ann O´Nadada. Anoche salimos y fue una de esas noches surrealistas de no dar crédito. Habíamos quedado con más gente en un garito donde dan lecciones de salsa. Y os preguntaréis qué cojones hago yo en unas clases de salsa, pero qué os puedo decir, desde que vivo en el centro y sólo tardo 5 minutos andando a cualquier sitio me apunto a un bombardeo. Así que mientras esperaba a Ann en el Oscar (un sitio aburridísimo pero con unas tarjetas para ligar que son de traka) le di plantón a Michael, al que una hora antes había invitado a venir pero que en realidad me apetecía una cagao que viniera. Ann llegó tarde, para variar. Y de allí al garito de salsa, donde presenciamos unas escenas bastante homoeróticas. Cuando pusieron la de "devórame otra vez" nos piramos, aunque me pregunto cómo acabaron allí, que había un rollo dirty dancing total. De allí a otro garito llamado Heaven (¿hay alguna ciudad europea que no tenga o haya tenido un garito de ambiente llamado Heaven?). Poco cabe reseñar de este sitio, excepto los camareros y una pareja de encorbatados que luego resultaron ser freelance uno y bailarín el otro. Pero no cualquier tipo de bailarín, sino uno de los que salen en el juicio final de "Dancer in the Dark". El universo Von Trier nos atrapó en ese momento a Ann y a mí.

Pero a donde quiero llegar es al final de la noche, cuando pusimos rumbo a Ørsteds Park, que es un parque donde hay más cancaneo que en el Moulin Rouge. Allí fue donde conocí al personaje de la noche: Douglas. El pavo llevaba una concha xacobea gigantesca al cuello, al más puro estilo del rey de los freaks Luixi Toledo, ese personaje que decía que Thriller era originalmente suya y Michael Jackson se la había robado en el siglo XII cuando se conocieron en una fábrica de mandos a distancia en la Luna. El tal Douglas decía que la concha se la había regalado su novio de Tahiti, pero yo me apuesto el cuello a que se compró en un todoaveinteduros de Roncesvalles. Pero lo mejor era el rollo Beyoncé que llevaba, moviéndose y contoneándose en plan "hey-girl-watch-out-the-boy-is-mine". Vaya charla sobre la fidelidad nos dio. También nos contó que le invitaron al show de Rikki Lake para hablar sobre la vida gay en Europa, pero no pudo ir porque resultó que unos terroristas se cargaron las Torres Gemelas un 11 de septiembre, y el dijo "hey-boy-i-do-not-travel-with-this-prospect", en plan Kelly Rowland esta vez. Y además nos invitó a un licor de toffe+vodka que llevaba en una bolsa de papel cual mendigo. Y así acabó la noche: Ann no mojó porque se tenía que ir a casa, y yo no mojé....

Por favor visitad esta página que es lo más: http://www.foreskin.org/smegma.htm

Bueno, yo seguiré con mi vida bohemia este fin de semana. El domingo toca mi compañero de piso con Hugo Race, subalterno de Nick Caves y PJ Harvey. Qué fuerte, ya es de noche.

Me despido no sin antes agradecer desde aquí a Pablo, Yuu y Ann que me ayudaron con la mudanza. Ya sé que os mudáis dentro de nada... Sois lo más grande, como diría la Jurado.

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