jueves, noviembre 04, 2004

"No hay límite para la grandeza de América" - George W. Bush

“Historia de lo nuestro” vol. 2
Jajaja, lo de “historia de lo nuestro” es definitivamente de traka. Más que nada porque “lo nuestro” no es más que una ilusión, un auténtico espejismo. Así que en este segundo y último volumen de ésta vuestra cibernovela preferida, os contaré de la forma más somera y políticamente correcta (quiero llegar a todos los públicos) cómo se han desarrollado los acontecimientos que me dejaron tras el fin de semana con la cara que veis en la foto. Pero antes debo continuar donde lo había dejado.

Efectivamente, allí estaba. Pero sólo era el principio, ya que iba a tener que pasar casi un mes hasta el primer contacto verbal. Tras repetidos encontronazos en el tren, en los que trataba de sentarme lo más cerca posible para entablar conversación (siempre en vano), y mi indiferencia tras ver que iba a ser una misión harto imposible, un buen día a la salida de clase me preguntó si iba a Copenhague, sugiriendo que podíamos ir juntos. No voy a decir lo que se me pasó por la cabeza en ese momento, pero mi calenturienta mente empezó a elaborar una serie de imágenes propias de noche de viernes en C+.

Tras ese viaje compartido, hubo intercambio de teléfonos e invitación a una fiesta de estudiantes gays en contra de Bush. Lo que parecía que iba a ser una reunión combativa y libertaria al final se quedó en agua de borrajas, y la única revolución allí fue la del DJ, que pinchó el primer disco de las Spice Girls ante el estupor de quien suscribe. Tras unas cuantas cervezas, M. me dijo que me fuera a dormir a su casa. Así que después de un shawarma, como les gusta llamar aquí al kebab de toda la vida, fuimos a la casa de M. Allí, sentado en el borde de la cama con las piernas juntas y las manos metidas entre ellas, pensé cuánto podría tardar en ponerme la ropa y salir corriendo sin que M. se diera cuenta.

Pero esta no es una historia cualquiera, así que cualquier posible final de acuerdo a lo que os he contado sería pura coincidencia. ¿Por qué? Un tupido telón de acero en versión siglo XXI me impidió acceder al Pentágono. El lector puede intrerpretarlo a su gusto. Siempre me encantaron esos cuentos llamados “elige tu propia aventura”.

Y ahora una reflexión a lo Carrie Bradshaw en Sex and the city: “you europeans are so hard to read”. Nunca había tenido un contacto tan brutal y desalientador con el american way of living (and thinking). Claro que después de los resultados electorales, uno se pregunta si en USA la gente tiene verdadero conocimiento de lo que ocurre fuera y la importancia de lo está en juego, o simplemente están escribiendo una carta para concursar en algún sobrecogedor programa de esos que me tienen bastante enganchado y cuyos contenidos comentaré en ulteriores posts.

Vivir en el extranjero, sólo y lejos de los tuyos, es como muchos han definido Gran Hermano: “la vida es más intensa, todo se magnifica, los sentimientos se multiplican”. Sin embargo, nada mejor que una buena dosis de tiempo para ver las cosas de otra manera y aclarar el horizonte. Es curioso cómo parece que cuando peor se puede sentir uno, ocurre algo que te devuelve al estado mental que nunca debiste perder. Varios moles de fotones atravesando las cortinas que no compraste, interminables charlas alrededor de un café, una birra con un trozo de lima, un número de teléfono que apenas recuerdas, una improvisada cena con velas, un olor que te atrapa en una caja y te lleva a casa.

Y sin darte cuenta, llega en el momento apropiado, en el segundo preciso. Sólo hay que estar seguro de que va a pasar.

|

<< Home

This page is powered by Blogger. Isn't yours?